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Ci facciamo i quilometri
superiamo gli ostacoli
col Diavolo
in fondo al cuor' ...
(Coro Ultra del AC. MILAN)
Nueva cita vital para el Rayo. Por segunda semana consecutiva, teníamos en
frente a un rival de renombre, tres puntos trascendentales y un partido
único, inigualable. La semana pasada el Rayo había "palmao" con el que,
sin duda, ya se ha convertido en su primera gran verdugo en esta nueva
etapa, el Carpio, que le ha vencido en la ida, y a la vuelta. Hoy, el Rayo
era el que ejercía de verdugo. Él era el único que había podido robarle 3
puntos a la Quinta de los Mataos, y ellos no querían que eso volviera a
repetirse. De nuevo, el concepto de revancha salpicaba los campos de
futbol.
Y es que era un partido igual, o incluso más importante que el anterior.
Dos derrotas consecutivas minaría la confianza de los jugadores rojillos;
en cambio, una victoria no solo les auparía al primer puesto, sino que
además, en un futuro, y posible, empate a puntos en la primera o
segunda posición con los Mataos, los rayistas saldrían favorecidos por el
llamado golaveraje. Este
es uno de esos partidos donde la victoria cuenta seis puntos, ¿os
acordáis?
Ya venían avisando por los medios de comunicación que en nada se parecería
este partido al vivido en la primera vuelta, donde el Rayo endoso un 3-9
letal, uno de los mayores correctivos que han aplicado en los últimos
años. Pero me recordaban a los rusos en la semifinal de la Eurocopa 2008,
donde de nuevo volvían a enfrentarse a España, como ya lo hubieran hecho
en la fase previa. También decían que el torneo les había hecho más
fuertes, corrigiendo sus errores y limando su futbol ofensivo. El hecho de
carecer de portero y de banquillo hacia parecer a los Mataos un equipo más
temible ahora, más maduro, y por supuesto, un rival a eliminar (lo antes
posible) del camino de Rayo en la lucha por el título. Sus ocho victorias
no dejaban lugar a dudas, era el principal candidato al título junto al
Rayo. ¡Menudo partidazo se estaba cuajando!
Una vez más, y por no perder la costumbre, fuimos llegando poco a poco.
Sin prisa. Tanto fue así que de haber pasado unos minutos más, hubiéramos
perdido el encuentro por incomparecencia, al no contar ni siquiera con 4
jugadores de campo. ¡Qué cosa más triste! Perder así es algo que jamás me
perdonaría, no hablemos del perdón hacia mis compañeros... El caso es que
desde que llegamos, los Mataos estaban más que metidos en el partido.
Calentamientos al portero, toque, tiro, carreras, charlas técnicas...
Sabían lo que se estaban jugando mientras nosotros estábamos poniéndonos
las medias, y eso que el partido era a las 7...
El árbitro dio orden de inicio, pero todo pintaba mal. La torrija del día
anterior estaba tatuada en nuestros ojos a fuego, y ellos abusaron de
nuestra precariedad, tanto ofensiva como defensiva. El primer gol llego
apenas pasados 2 o 3 minutos. Balón largo desde la portería hasta nuestro
área (un tipicall rayista)
que peina de manera casi involuntaria el delantero rival. Incluso pudo ser
Pepo al intentar despejar. Pero la mala salida del arquero, sin convicción
ni gana, sumado a un tipo de jugada que no estamos acostumbrados a
defender puso el primero en su cuenta. Sin haber tenido tiempo a digerir,
llegaba el segundo; pase de la muerte al segundo palo, que remata a
bocajarro un contrario gracias a una buena internada del extremo derecha.
Dos goles, como dos soles, y el Rayo sin aparecer.
Nos estaba matando su disposición ofensiva, con dos extremos muy abiertos,
que dejaban un carril central espacioso y cómodo para que el medio centro
profundizara hasta la cocina.
Además, se complementaba con una defensa seria y físicamente fuerte. Sin
duda, nada tenía que ver con los Mataos de la ida. Nos estaban comiendo
por segundos.
Un penalti, quizá algo riguroso, cometido a Luigio, que intentaba cazar un
balón aéreo, recortaba distancias gracias a Ricky, que tranquilo y frio,
engaño al portero con sobriedad. Pero el Rayo debía cambiar de arriba a
abajo no tanto su esquema, sino su personalidad de cara al encuentro. Por
tercera vez, se adelantaban a la salida de un saque de banda. El balón,
botando, se colaba debajo de las piernas del portero rojo, sin que, a su
parecer, fuera tocada por nadie. El árbitro no lo consideró así y pito el
gol. Luego, era el Rayo el que contaba con la suerte de su lado al sacar
Nacho un balón de banda que atajaba mal el portero y lo colaba dentro de
su puerta. Una pena para un portero que hizo buenas intervenciones,
sobretodo un balón raso sacado con el pie izquierdo de una forma
espectacular. El marcador reflejaba un 3-2. Qué asco de futbol el nuestro.
Aun pudieron marcar alguno más si no fuera por las dos intervenciones,
cruciales, en sendos mano a mano que solvento el portero rayista, bien
como siempre en los duelos cara a cara, pues solo ha encajado un gol de
ese estilo en todo el campeonato.
Nos íbamos al descanso con menos futbol que nunca. Luigio había tomado las
riendas del equipo, él y nadie más. Defendiendo y atacando con corazón y
nervio, parecía ser el único sobre el campo del Rayo. Pepo y Miguel
tardaron en entrar en calor, Willy, con molestias en el pie no estuvo al
100%, y Ricky, desaparecido hasta el momento de la pena máxima. Esto no
parecía tener final feliz. Pero esto es futbol, y la imprevisibilidad de
este deporte es lo que tanto amamos.
En la segunda todo fue muy distinto. La entrada de Nano, ausente en la
primera parte, nos inyecto una dosis de moral que necesitábamos más que
nunca. Cada vez más, ellos se acercaban desde más lejos, y con balones
planos al área. Nosotros empezábamos a combinar más, a ser más duros en
defensa y crear ocasiones cada vez más peligrosas. La más clara que
tuvieron ellos fue un mano a mano, el tercero, solventado de libro por el
portero. Internada desde la izquierda, que en el último momento pasa a la
derecha de la portería a un rival solo. El portero aguanta arriba, firme,
y en el último momento, se vence a la derecha para sacar una mano,
sublime, a la izquierda y por alto. Soberbia mano que pudo cambiar el
devenir del partido.
El árbitro, cuestionado varias veces por el conjunto rival, pito de nuevo
un penalti, esta vez clarísimo, sobre Ricky que el mismo se encargo de
transformar. De nuevo, por el mismo lado de antes, una ley no escrita para
los que ejecutan por segunda vez una pena máxima. El partido estaba
igualadísimo, pero esta vez, la confianza la poníamos nosotros. Superada
una horrible primera parte, la segunda debía ser nuestra si o si.
De nuevo, y como ocurriera en la ida, el portero rayista volvió a mojar
para hacer su cuarto gol en la temporada. Poco después, Willy, algo mejor
que en la primera parte, marcaba el quinto a la salida de un balón botado
de un saque de esquina. Con una parábola estilo
centro-chut, el balón se
colaba suave e inalcanzable a las manos del portero. Quedando dos o tres
minutos para acabar, establecieron el definitivo 5-4 con la suerte de un
balón rebotado en la espalda de Pepo al que poco podía hacer el portero.
Al final, es cierto, pasamos un poco de miedo, sobre todo por el hecho de
que las continúas protestas ante el árbitro debido a los dos penaltis
podían ocasionar que nos pitasen a nosotros uno en contra en el último
momento. Fueron continuos los rifirrafes entre el '9' de los Mataos y
Miguel, que, aunque sin pasar a mayores, podían dar lugar a dudas a la
hora de pitar penalti. Pero no fue así. Miguel, correcto y serio como
siempre, defendió en la legalidad del reglamento y nada fue pitado en su
contra, gran partido el suyo.
Muchos fueron los balones al área que en los últimos instantes se
sucedieron en nuestra portería. Pero el portero, seguro por alto, no dudó
nunca en atajarlos o despejarlos, alejando un peligro constante que se
cernía sobre la victoria del Rayo. Al final,
fair-play de todos los
jugadores después de un partidazo con letras mayúsculas. A mi parecer,
ellos podían haber "matao" el partido en la primera, porque nos pasaron
por encima de principio a fin. Pero el futbol rojillo se impuso en la
segunda, con un Luigio espectacular. Seguramente, su partido más completo,
y eso que no marco ningún gol. No paro en ningún momento y encajo las
envestidas de los rivales, sobretodo una en la primera parte, una tibia
contra tibia que le dejo "tocado". Involuntariamente, un rival no pudo
frenar cuando éste Luigio se le echó encima, y fue un choque de trenes. El
jugador, asustado, estuvo pendiente de él en los momentos posteriores al
choque, y más tarde, volvió a interesarse por él en el descanso. Buen
gesto del jugador rival, y buenos los gestos de todo el conjunto de los
Mataos, que ofrecieron sus manos y nos felicitaron por una victoria
merecida. Sin duda, un partido entre gigantes no solo se valora por la
calidad del futbol, sino además por el juego limpio de sus jugadores.
Por último, grande labor de Nano, que aún jugando poco, estuvo más que
correcto en la labor desempeñada, tanto arriba como abajo, defendiendo y
luchando. Y es que el equipo son más que 12 jugadores, somos un conjunto
fuertemente unido, con algo dentro de nosotros que nos empuja, cuando las
fuerzas flaquean, a tirar hacia delante. Y eso que hace que hagamos
kilómetros, que superemos obstáculos, tiene un nombre, y eso se llama
Rayo.
Marcos Ainoza
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