BAJO PALOS

_BAJO PALOS_

por Marcos Ainoza

Miedo, asco y fútbol en Peñagrande (04-02-10)


Ci facciamo i quilometri
superiamo gli ostacoli
col Diavolo
in fondo al cuor' ...
 
(Coro Ultra del AC. MILAN)

 
Nueva cita vital para el Rayo. Por segunda semana consecutiva, teníamos en frente a un rival de renombre, tres puntos trascendentales y un partido único, inigualable. La semana pasada el Rayo había "palmao" con el que, sin duda, ya se ha convertido en su primera gran verdugo en esta nueva etapa, el Carpio, que le ha vencido en la ida, y a la vuelta. Hoy, el Rayo era el que ejercía de verdugo. Él era el único que había podido robarle 3 puntos a la Quinta de los Mataos, y ellos no querían que eso volviera a repetirse. De nuevo, el concepto de revancha salpicaba los campos de futbol.
 
Y es que era un partido igual, o incluso más importante que el anterior. Dos derrotas consecutivas minaría la confianza de los jugadores rojillos; en cambio, una victoria no solo les auparía al primer puesto, sino que además, en un futuro, y posible, empate a puntos en la primera o segunda posición con los Mataos, los rayistas saldrían favorecidos por el llamado golaveraje. Este es uno de esos partidos donde la victoria cuenta seis puntos, ¿os acordáis?
 
Ya venían avisando por los medios de comunicación que en nada se parecería este partido al vivido en la primera vuelta, donde el Rayo endoso un 3-9 letal, uno de los mayores correctivos que han aplicado en los últimos años. Pero me recordaban a los rusos en la semifinal de la Eurocopa 2008, donde de nuevo volvían a enfrentarse a España, como ya lo hubieran hecho en la fase previa. También decían que el torneo les había hecho más fuertes, corrigiendo sus errores y limando su futbol ofensivo. El hecho de carecer de portero y de banquillo hacia parecer a los Mataos un equipo más temible ahora, más maduro, y por supuesto, un rival a eliminar (lo antes posible) del camino de Rayo en la lucha por el título. Sus ocho victorias no dejaban lugar a dudas, era el principal candidato al título junto al Rayo. ¡Menudo partidazo se estaba cuajando!
 
Una vez más, y por no perder la costumbre, fuimos llegando poco a poco. Sin prisa. Tanto fue así que de haber pasado unos minutos más, hubiéramos perdido el encuentro por incomparecencia, al no contar ni siquiera con 4 jugadores de campo. ¡Qué cosa más triste! Perder así es algo que jamás me perdonaría, no hablemos del perdón hacia mis compañeros... El caso es que desde que llegamos, los Mataos estaban más que metidos en el partido. Calentamientos al portero, toque, tiro, carreras, charlas técnicas... Sabían lo que se estaban jugando mientras nosotros estábamos poniéndonos las medias, y eso que el partido era a las 7...
 
El árbitro dio orden de inicio, pero todo pintaba mal. La torrija del día anterior estaba tatuada en nuestros ojos a fuego, y ellos abusaron de nuestra precariedad, tanto ofensiva como defensiva. El primer gol llego apenas pasados 2 o 3 minutos. Balón largo desde la portería hasta nuestro área (un tipicall rayista) que peina de manera casi involuntaria el delantero rival. Incluso pudo ser Pepo al intentar despejar. Pero la mala salida del arquero, sin convicción ni gana, sumado a un tipo de jugada que no estamos acostumbrados a defender puso el primero en su cuenta. Sin haber tenido tiempo a digerir, llegaba el segundo; pase de la muerte al segundo palo, que remata a bocajarro un contrario gracias a una buena internada del extremo derecha. Dos goles, como dos soles, y el Rayo sin aparecer.
 
Nos estaba matando su disposición ofensiva, con dos extremos muy abiertos, que dejaban un carril central espacioso y cómodo para que el medio centro profundizara hasta la cocina. Además, se complementaba con una defensa seria y físicamente fuerte. Sin duda, nada tenía que ver con los Mataos de la ida. Nos estaban comiendo por segundos.
 
Un penalti, quizá algo riguroso, cometido a Luigio, que intentaba cazar un balón aéreo, recortaba distancias gracias a Ricky, que tranquilo y frio, engaño al portero con sobriedad. Pero el Rayo debía cambiar de arriba a abajo no tanto su esquema, sino su personalidad de cara al encuentro. Por tercera vez, se adelantaban a la salida de un saque de banda. El balón, botando, se colaba debajo de las piernas del portero rojo, sin que, a su parecer, fuera tocada por nadie. El árbitro no lo consideró así y pito el gol.  Luego, era el Rayo el que contaba con la suerte de su lado al sacar Nacho un balón de banda que atajaba mal el portero y lo colaba dentro de su puerta. Una pena para un portero que hizo buenas intervenciones, sobretodo un balón raso sacado con el pie izquierdo de una forma espectacular. El marcador reflejaba un 3-2. Qué asco de futbol el nuestro. Aun pudieron marcar alguno más si no fuera por las dos intervenciones, cruciales, en sendos mano a mano que solvento el portero rayista, bien como siempre en los duelos cara a cara, pues solo ha encajado un gol de ese estilo en todo el campeonato.
 
Nos íbamos al descanso con menos futbol que nunca. Luigio había tomado las riendas del equipo, él y nadie más. Defendiendo y atacando con corazón y nervio, parecía ser el único sobre el campo del Rayo. Pepo y Miguel tardaron en entrar en calor, Willy, con molestias en el pie no estuvo al 100%, y Ricky, desaparecido hasta el momento de la pena máxima. Esto no parecía tener final feliz. Pero esto es futbol, y la imprevisibilidad de este deporte es lo que tanto amamos.
 
En la segunda todo fue muy distinto. La entrada de Nano, ausente en la primera parte, nos inyecto una dosis de moral que necesitábamos más que nunca. Cada vez más, ellos se acercaban desde más lejos, y con balones planos al área. Nosotros empezábamos a combinar más, a ser más duros en defensa y crear ocasiones cada vez más peligrosas. La más clara que tuvieron ellos fue un mano a mano, el tercero, solventado de libro por el portero. Internada desde la izquierda, que en el último momento pasa a la derecha de la portería a un rival solo. El portero aguanta arriba, firme, y en el último momento, se vence a la derecha para sacar una mano, sublime, a la izquierda y por alto. Soberbia mano que pudo cambiar el devenir del partido.
 
El árbitro, cuestionado varias veces por el conjunto rival, pito de nuevo un penalti, esta vez clarísimo, sobre Ricky que el mismo se encargo de transformar. De nuevo, por el mismo lado de antes, una ley no escrita para los que ejecutan por segunda vez una pena máxima. El partido estaba igualadísimo, pero esta vez, la confianza la poníamos nosotros. Superada una horrible primera parte, la segunda debía ser nuestra si o si.
 
De nuevo, y como ocurriera en la ida, el portero rayista volvió a mojar para hacer su cuarto gol en la temporada. Poco después, Willy, algo mejor que en la primera parte, marcaba el quinto a la salida de un balón botado de un saque de esquina. Con una parábola estilo centro-chut, el balón se colaba suave e inalcanzable a las manos del portero. Quedando dos o tres minutos para acabar, establecieron el definitivo 5-4 con la suerte de un balón rebotado en la espalda de Pepo al que poco podía hacer el portero.
 
Al final, es cierto, pasamos un poco de miedo, sobre todo por el hecho de que las continúas protestas ante el árbitro debido a los dos penaltis podían ocasionar que nos pitasen a nosotros uno en contra en el último momento. Fueron continuos los rifirrafes entre el '9' de los Mataos y Miguel, que, aunque sin pasar a mayores, podían dar lugar a dudas a la hora de pitar penalti. Pero no fue así. Miguel, correcto y serio como siempre, defendió en la legalidad del reglamento y nada fue pitado en su contra, gran partido el suyo.
 
Muchos fueron los balones al área que en los últimos instantes se sucedieron en nuestra portería. Pero el portero, seguro por alto, no dudó nunca en atajarlos o despejarlos, alejando un peligro constante que se cernía sobre la victoria del Rayo. Al final, fair-play de todos los jugadores después de un partidazo con letras mayúsculas. A mi parecer, ellos podían haber "matao" el partido en la primera, porque nos pasaron por encima de principio a fin. Pero el futbol rojillo se impuso en la segunda, con un Luigio espectacular. Seguramente, su partido más completo, y eso que no marco ningún gol. No paro en ningún momento y encajo las envestidas de los rivales, sobretodo una en la primera parte, una tibia contra tibia que le dejo "tocado". Involuntariamente, un rival no pudo frenar cuando éste Luigio se le echó encima, y fue un choque de trenes. El jugador, asustado, estuvo pendiente de él en los momentos posteriores al choque, y más tarde, volvió a interesarse por él en el descanso. Buen gesto del jugador rival, y buenos los gestos de todo el conjunto de los Mataos, que ofrecieron sus manos y nos felicitaron por una victoria merecida. Sin duda, un partido entre gigantes no solo se valora por la calidad del futbol, sino además por el juego limpio de sus jugadores.
 
Por último, grande labor de Nano, que aún jugando poco, estuvo más que correcto en la labor desempeñada, tanto arriba como abajo, defendiendo y luchando. Y es que el equipo son más que 12 jugadores, somos un conjunto fuertemente unido, con algo dentro de nosotros que nos empuja, cuando las fuerzas flaquean, a tirar hacia delante. Y eso que hace que hagamos kilómetros, que superemos obstáculos, tiene un nombre, y eso se llama Rayo.

Marcos Ainoza

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